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#31 - EL REGALO DE DIOS AL HOMBRE | Pan Diario

“Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se las regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso”. Efesios 2.8-9 TLA

Realmente estamos acostumbrados a obsequiar algo a aquellas personas que, hasta cierto punto, se han portado bien con nosotros. En nuestro interior decimos: “Le regalaré algo a aquel porque ha sido bueno conmigo”. No cuesta mucho dar cuando hemos recibido de otro. Es como corresponder por lo que han hecho por nosotros.

¿Te imaginas obsequiar algo a aquel que ha vivido ignorándote? ¡Ni loco lo hiciéramos! “¡No vale la pena gastar!” –dijéramos-.

Sin embargo, ese no fue el caso de Dios con nosotros. Su amor no se basa en que nosotros seamos buenos con Él. El amor de Dios se basa en que Él es demasiado bueno con nosotros. ¿Me explico?

Dios envió a Jesucristo no como correspondencia sino más bien como misericordia.

¿Qué le obsequiamos a Dios para que nos enviara a un Salvador? ¡Nada!
Seamos muy honestos… ni tan siquiera pedimos un Salvador. ¿Por qué? porque nos convertimos tan inútiles, que no había nada de bondad en nosotros. Y si no había nada bueno, ¿Cómo pediríamos a Dios algo bueno?

Pablo recalca a la Iglesia de Éfeso: “Ustedes han sido salvados porque aceptaron el amor de Dios. Ninguno de ustedes se ganó la salvación, sino que Dios se las regaló. La salvación de ustedes no es el resultado de sus propios esfuerzos. Por eso nadie puede sentirse orgulloso”. Efesios 2.8-9 TLA

La salvación no es una correspondencia por nuestra bondad. La salvación no es un salario que Dios nos pagó por nuestras obras. ¡No!, la salvación es un regalo de Dios.

No es por nuestro esfuerzo. No es porque la merezcamos. No es porque seamos buenos. Es porque nuestro Dios es misericordioso. Por tal razón Pablo dice: “Por eso nadie puede sentirse orgulloso!” Al contrario, debemos humillarnos y ser agradecidos con Él.

ERAMOS ESCLAVOS DEL PECADO

Hermanos, una cosa es clara, nosotros éramos esclavos del pecado (Romanos 6.6-18) y nuestro único salario que podíamos recibir era la muerte (Romanos 6.23), no había más.
Pero Dios, en su abundante misericordia, envío a Cristo Jesús, para comprarnos y hacernos hijos y ya no más esclavos del pecado.
¡Bendito sea Dios por Su gran bondad!
Mientras que el obrero espera su salario, el esclavo espera misericordia.

Es por eso que, la salvación del Señor no es un pago a un obrero, sino un regalo a un esclavo.
¡Recibe el regalo de Dios! ¡Su amor nos hace libres!

H.R.Gómez

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