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# 9 - EL PECADO ES EL FRUTO DEL OLVIDO DE LA PALABRA DE DIOS | Pan Diario


9 de enero
!!Oh, cuánto amo yo tu ley!
 Todo el día es ella mi meditación.
Salmo 119.97

El salmista estaba tan enamorado de la Ley del Señor que a todas horas meditaba en ella. No podía sacársela de su mente y corazón. Cuando el corazón está lleno de Su Palabra, no hay lugar para las tinieblas. Algunos dicen: “Estos versos ya los leí, ya no los volveré a leer”, mientras el salmista, enamorado decía: “Todo el día es ella mi meditación”, no importando si fuese lo mismo. Pedro dijo así: “Por lo tanto, siempre les recordaré todas estas cosas, aun cuando ya las  saben y están firmes en la verdad que les enseñó” 2 Pedro 1:12 (NTV, énfasis añadido).
Pedro, siendo ya anciano, a poco tiempo de su muerte, no enseñó algo nuevo, al contrario, siempre les recordó todo aunque ya lo sabían.
¿Qué mejor forma de combatir contra las artimañas del diablo que recordando y meditando todo el día en Su Palabra?

Jesús venció la tentación con la Palabra. Su Palabra es nuestra espada, y la espada no se hizo para tenerla de adorno. Se elaboró para luchar. (Ef. 6.17).
Amar es no dejar de pensar y meditar en ella. Amar su ley es recordarla. Esa es nuestra firmeza ante las asechanzas del diablo. (Ef. 6.11).
La meditación continua en la palabra de Dios, hará que la amemos; y mientras más amamos Su Palabra, más detestaremos las cosas del mundo.
El pecado es el fruto del olvido de la Palabra de Dios. En otras palabras, mientras más te olvides de la palabra de Dios, más te darás cuenta que estarás jugando con el pecado.
Amar la ley de Dios es odiar la voz de las tinieblas. Meditar no es algo superficial, meditar es poner total atención a Su Palabra. Nuestra atención está en Su Palabra. No hay distracción en lo temporal cuando se medita en lo eterno. El impío vive rechazando todo el día la ley del Señor, el creyente la ama y medita en ella durante todo el día.
Amemos la ley del Señor. Escúchala durante el día, léela durante el día, compártela durante todo el día, no te alejes en ningún momento de ella.
No hay ojos para nada más cuando se está enamorado de la palabra de Dios.

H.R.Gómez

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