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#8 - ÉL NOS AMÓ PRIMERO | Pan Diario


8 de enero

Pero, cuando se manifestaron la bondad y el amor de Dios nuestro Salvador, él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia. Nos salvó mediante el lavamiento de la regeneración y de la renovación por el Espíritu Santo, el cual fue derramado abundantemente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. 
Tito 3.4-6 NVI

“Agrado quiere agrado” cita uno de los dichos muy mencionados en nuestro mundo.
Estamos acostumbrados a ser dadivosos con quienes son dadivosos con uno. Pero aquellos que nos insultan, se merecen el doble de insulto –decimos apresuradamente con corazón rencoroso-; porque el dicho “agrado quiere agrado” está demasiado impregnado en nuestros corazones. Si nos hacen mal, yo respondo con mal. Si me hacen bien, trato de responderles con la misma bondad. Esa es nuestra manera de vivir. Pagar con la misma moneda. Vidas orgullosas y egocéntricas.
Como escuche un día de un predicador: “¡Qué bueno que Dios no es como nosotros!”
Querido lector, ¿Se imagina si Dios fuera como nosotros? ¡Estaríamos todos condenados!

El amor de Dios no es como el nuestro, porque Dios no es como uno de nosotros. Su Palabra lo declara muchas veces y lo enfatiza. Dios no es como el hombre (Núm. 23.19 – Oseas 11.9 – Job 33.12 – Job 9.32) ¡Él es grande y trasciende absolutamente todo!

¿Se imaginan a Dios mostrando su bondad únicamente con los que son “buenos”?
Su bondad no se mostraría a ningún ser humano. Pues Todos hemos pecado (Ro. 3.23). Es por eso que su bondad y amor lo muestra por pura misericordia divina.

¡Amor inexplicable de Dios!

Dios vio nuestra incapacidad de poder agradarle y vino a este mundo, al mundo que fue hecho por medio de Él... (Juan 1.10)
Él no esperó a que le amaremos. Él no esperó a que le obedeciéramos. Él no esperó a que le sirviéramos. Él no espero a que nos humilláramos. Él no espero a que fuéramos buenos… Él no dijo: “si me agradan, les perdonaré”. Al contrario, Él se humilló, renunció a sus privilegios divinos, adoptó la humilde posición de un esclavo, obedeció a Dios en todo y fue fiel hasta la muerte y muerte de cruz… (Fil. 2.7-8 NTV). ¿Por qué lo hizo?, ¡porque es un Dios misericordioso!

¡Oh cuan glorioso es el amor de Dios que vio mi incapacidad y vino a socorrernos!
¡Oh cuan precioso es su amor que no espero bondad de mi sino que vino a entregarse!

¿Qué hicimos para merecer tremendo amor? ¡Nada! Porque “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia…” Tito 3.5
¡Cuánto hay que aprender de nuestro Dios! Tomemos pues, la misma actitud que tomo Cristo, quien no espero amor de los demás para amar. Amemos sin esperar recibir nada a cambio. Amemos como el Señor. Andemos en amor con los demás y testifiquemos que nosotros amamos de esa manera porque Dios nos ha amado así.
¡Qué bueno es tener un Dios misericordioso! ¡Qué bueno que no somos salvos por obras nuestras! ¡Qué bueno es tener un Dios quien se puso asimismo como sacrificio y ahora podemos vivir en comunión en Él por su sacrificio!

Por eso decimos como Juan: “Nosotros amamos, porque Él nos amó primero” 1 Juan 4.19

H.R.Gómez

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