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#5 - ¡PENSÉ QUE DIOS NO ME AMABA! | Pan Diario



“Al contrario, regresaron a sus casas y se quejaron de Dios. Pensaron que Dios no los quería, y que los había sacado de Egipto solo para que los Amorreos los destruyeran”. Deuteronomio 1.27 (TLA)
 
Dios había ordenado a todo el pueblo partir del monte Horeb y trasladarse a los montes donde vivían los Amorreos. Moisés les dijo al pueblo que Dios les había entregado la región montañosa de los Amorreos, los animó a conquistar ese territorio ya que Dios se los había entregado.
Sin embargo, el pueblo le pidió a Moisés, que primero enviara a doce espías para que, anticipadamente, supieran como era el territorio, cuál era el mejor camino a seguir y como eran las ciudades que se iban a encontrar. Si era un pueblo numeroso, débil o fuerte. Moisés estuvo de acuerdo con la idea. Mandaron a los doce espías, los cuales observaron la fertilidad de la tierra y recogieron del fruto de ella.

La información que los espías llevaron fue la siguiente:

“Ciertamente a la tierra que nos enviaste fluye leche y miel; y este es el fruto de ella (mostraron un racimo de uvas)”. (ver Números 13.27)
“El pueblo que habita esa tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y fortificadas”. (ver Números 13.28)
“Vimos a los hijos de Anac” (Eran los descendientes del gigante Anac). (Ver Números 13.28)
“En comparación a los hijos de Anaca (gigantes), nosotros parecemos langostas” (ver Números 13.33)
A todo esto, unos de los espías desanimaban al pueblo diciéndoles: “No podremos conquistar esa tierra. ¡No lo hagamos!, son gente muy poderosa” (ver Números 13.31-32)
A lo cual Caleb los callaba y les decía: “¡Vamos a conquistar ese territorio!, ¡Podemos hacerlo! (ver Números 13.30).

A pesar de los ánimos y la fe de Caleb y Josué, el pueblo no quiso ir y Moisés lo detalla así: ““Al contrario, regresaron a sus casas y se quejaron de Dios. Pensaron que Dios no los quería, y que los había sacado de Egipto solo para que los Amorreos los destruyeran”. Deuteronomio 1.27

Cuando este pueblo supo que en ese territorio vivía gente muy fuerte y gigante, y que sus ciudades estaban rodeadas por murallas, tuvieron mucho miedo y se desanimaron. Rápidamente llegaron a una conclusión. ¿Cuál fue la conclusión?... “Dios no nos quiere”.

Moisés les recordó que el mismo Dios que los había sacado de Egipto, ese mismo Dios iba con ellos e iban a vencer. Les recordó que Dios era quien los guiaba. Que incluso los había llevado como en sus brazos, que Dios se había portado como un Padre con ellos. Que nada les había pasado. Dios en la noche les guiaba con una columna de fuego y en el día los protegía con una nube.
Sin embargo, ellos prefirieron hundirse en el miedo y pensar que Dios no los amaba, solo porque se iban a enfrentar a algo más fuerte que ellos. Por tal razón, Dios, en su ira dijo que solo Caleb y sus descendientes iban a disfrutar esa tierra.
Al saber el pueblo esto, ellos reconocieron que habían pecado contra Dios, agarraron sus armas y fueron a luchar. Sin embargo, ya era demasiado tarde. Fueron derrotados.

¡Hermanos!, ¿Cuántas veces hemos pensado que Dios no nos ama porque miramos que estamos enfrentando una prueba más “fuerte” que nosotros?, ¿Cuántas veces hemos concluido, por nuestras pruebas, que Dios no nos ama?.
Este pueblo olvidó que Dios los había liberado de Egipto. Ese mismo Dios podía liberarlos de esa batalla que estaban enfrentando. Sin embargo, ellos decidieron pensar que Dios no los quería.
¡Hermanos!, ¡Al contrario!, a través de la prueba, ¡Dios iba a demostrar que les seguía amando!. Pero ellos no quisieron confiar en Dios.
El amor de Dios no se mide con darnos batallas fáciles. El amor de Dios es más palpable cuando vemos que la prueba es “imposible” de ganar y Él nos dice: “Confía en mi”.
“Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios” Lucas 18.27
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Entonces… ¿Dios me ama aunque tenga pruebas muy difíciles que enfrentar?
Si, Dios le ama. Hermano/a, si está en Cristo, ¡Dios le ama con inmenso amor!. Dios le ama tanto que Él, antes de solucionar problemas terrenales, solucionó nuestro problema espiritual. Dios, en Jesús, vino a reestablecer la comunión que habíamos perdido con Él. Y en eso se basa el amor de Dios, no que le hayamos amado primero, sino que Él nos amó a nosotros enviando a Su Hijo como sacrificio para quitar nuestros pecados. (Leer 1 Juan 4.9-10).
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Pero… ¿y mis pruebas?
¡Confíe!. Solo confíe y tenga fe. Moisés les recordó que así como Dios los había librado de Egipto, así los iba a librar de esa batalla.
A nosotros no nos liberó de Egipto, pero si nos ha liberado del pecado (Juan 8.34-36) ¡y eso es algo totalmente maravilloso!. No hemos sido liberados del imperio de Faraón, sino del imperio de las tinieblas (1 Pedro 2.9).
¿Pero y eso qué?, pudiera decirme usted. A lo cual, cordialmente le respondo: Si Dios ya dio todo lo que tenía, ¿Cómo no le dará las demás cosas?. Se lo comparto con un versículo: “Si Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿No nos dará también todo lo demás?” Romanos 8.32
Esa es la importancia de estar en Cristo Jesús. Porque solo en Él, somos más que vencedores, todas las cosas nos ayudan a bien, a los que amamos a Dios (Leer Romanos 8.28-39) y lo todo lo podemos, porque Él nos da las fuerzas. (Filipenses 4.13). Venga a Jesús y descanse en el poder de Dios. Confíe, Dios le ama.

H.R.Gómez

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