“Al
contrario, regresaron a sus casas y se quejaron de Dios. Pensaron que Dios no
los quería, y que los había sacado de Egipto solo para que los Amorreos los
destruyeran”. Deuteronomio 1.27 (TLA)
Dios
había ordenado a todo el pueblo partir del monte Horeb y trasladarse a los
montes donde vivían los Amorreos. Moisés les dijo al pueblo que Dios les había
entregado la región montañosa de los Amorreos, los animó a conquistar ese
territorio ya que Dios se los había entregado.
Sin
embargo, el pueblo le pidió a Moisés, que primero enviara a doce espías para
que, anticipadamente, supieran como era el territorio, cuál era el mejor camino
a seguir y como eran las ciudades que se iban a encontrar. Si era un pueblo
numeroso, débil o fuerte. Moisés estuvo de acuerdo con la idea. Mandaron a los
doce espías, los cuales observaron la fertilidad de la tierra y recogieron del
fruto de ella.
La
información que los espías llevaron fue la siguiente:
“Ciertamente
a la tierra que nos enviaste fluye leche y miel; y este es el fruto de ella
(mostraron un racimo de uvas)”. (ver Números 13.27)
“El
pueblo que habita esa tierra es fuerte, y las ciudades muy grandes y
fortificadas”. (ver Números 13.28)
“Vimos
a los hijos de Anac” (Eran los descendientes del gigante Anac). (Ver Números
13.28)
“En
comparación a los hijos de Anaca (gigantes), nosotros parecemos langostas” (ver
Números 13.33)
A
todo esto, unos de los espías desanimaban al pueblo diciéndoles: “No podremos
conquistar esa tierra. ¡No lo hagamos!, son gente muy poderosa” (ver Números
13.31-32)
A
lo cual Caleb los callaba y les decía: “¡Vamos a conquistar ese territorio!,
¡Podemos hacerlo! (ver Números 13.30).
A
pesar de los ánimos y la fe de Caleb y Josué, el pueblo no quiso ir y Moisés lo
detalla así: ““Al contrario, regresaron a sus casas y se quejaron de Dios. Pensaron
que Dios no los quería, y que los había sacado de Egipto solo para que los
Amorreos los destruyeran”. Deuteronomio 1.27
Cuando
este pueblo supo que en ese territorio vivía gente muy fuerte y gigante, y que
sus ciudades estaban rodeadas por murallas, tuvieron mucho miedo y se
desanimaron. Rápidamente llegaron a una conclusión. ¿Cuál fue la conclusión?...
“Dios no nos quiere”.
Moisés
les recordó que el mismo Dios que los había sacado de Egipto, ese mismo Dios
iba con ellos e iban a vencer. Les recordó que Dios era quien los guiaba. Que
incluso los había llevado como en sus brazos, que Dios se había portado como un
Padre con ellos. Que nada les había pasado. Dios en la noche les guiaba con una
columna de fuego y en el día los protegía con una nube.
Sin
embargo, ellos prefirieron hundirse en el miedo y pensar que Dios no los amaba,
solo porque se iban a enfrentar a algo más fuerte que ellos. Por tal razón,
Dios, en su ira dijo que solo Caleb y sus descendientes iban a disfrutar esa
tierra.
Al
saber el pueblo esto, ellos reconocieron que habían pecado contra Dios,
agarraron sus armas y fueron a luchar. Sin embargo, ya era demasiado tarde.
Fueron derrotados.
¡Hermanos!,
¿Cuántas veces hemos pensado que Dios no nos ama porque miramos que estamos
enfrentando una prueba más “fuerte” que nosotros?, ¿Cuántas veces hemos
concluido, por nuestras pruebas, que Dios no nos ama?.
Este
pueblo olvidó que Dios los había liberado de Egipto. Ese mismo Dios podía
liberarlos de esa batalla que estaban enfrentando. Sin embargo, ellos
decidieron pensar que Dios no los quería.
¡Hermanos!,
¡Al contrario!, a través de la prueba, ¡Dios iba a demostrar que les seguía
amando!. Pero ellos no quisieron confiar en Dios.
El
amor de Dios no se mide con darnos batallas fáciles. El amor de Dios es más
palpable cuando vemos que la prueba es “imposible” de ganar y Él nos dice: “Confía
en mi”.
“Lo
que es imposible para los hombres, es posible para Dios” Lucas 18.27
_
Entonces… ¿Dios me
ama aunque tenga pruebas muy difíciles que enfrentar?
Si,
Dios le ama. Hermano/a, si está en Cristo, ¡Dios le ama con inmenso amor!. Dios
le ama tanto que Él, antes de solucionar problemas terrenales, solucionó
nuestro problema espiritual. Dios, en Jesús, vino a reestablecer la comunión que
habíamos perdido con Él. Y en eso se basa el amor de Dios, no que le hayamos
amado primero, sino que Él nos amó a nosotros enviando a Su Hijo como
sacrificio para quitar nuestros pecados. (Leer 1 Juan 4.9-10).
_
Pero… ¿y mis
pruebas?
¡Confíe!.
Solo confíe y tenga fe. Moisés les recordó que así como Dios los había librado
de Egipto, así los iba a librar de esa batalla.
A
nosotros no nos liberó de Egipto, pero si nos ha liberado del pecado (Juan
8.34-36) ¡y eso es algo totalmente maravilloso!. No hemos sido liberados del
imperio de Faraón, sino del imperio de las tinieblas (1 Pedro 2.9).
¿Pero
y eso qué?, pudiera decirme usted. A lo cual, cordialmente le respondo: Si Dios
ya dio todo lo que tenía, ¿Cómo no le dará las demás cosas?. Se lo comparto con
un versículo: “Si Dios no se guardó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó
por todos nosotros, ¿No nos dará también todo lo demás?” Romanos 8.32
Esa
es la importancia de estar en Cristo Jesús. Porque solo en Él, somos más que
vencedores, todas las cosas nos ayudan a bien, a los que amamos a Dios (Leer
Romanos 8.28-39) y lo todo lo podemos, porque Él nos da las fuerzas. (Filipenses
4.13). Venga a Jesús y descanse en el poder de Dios. Confíe, Dios le ama.
H.R.Gómez

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