16 de enero
“Ni
antes ni después hubo otro rey como Josías, que se apartara de su maldad y obedeciera
a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas”
2 Reyes 23.25 TLA
Escuchar
la ley de Dios hizo que el corazón de Josías se arrepintiera de los pecados que
habían cometido. Su corazón fue reformado.
Reunió
a todos los líderes de Judá y Jerusalén para leerles lo que decía el libro del
pacto que habían encontrado en el templo 2 Reyes 23.1-2.
Su
corazón fue reformado tanto que él hizo un compromiso delante de Dios, el cual consistía
en obedecer siempre los mandamientos de Dios, y a cumplir fielmente el pacto
que estaba en el libro. Y el pueblo se comprometió a hacer lo mismo. 2 Reyes
23.3 Porque cuando el corazón de un rey es reformado por la Palabra de Dios, su
pueblo es bendecido.
.
Josías
comenzó a sacar todos los objetos que se usaban para adorar a Baal, a Astarté y
a todos los astros del cielo. Lo que una vez fue luz para el pueblo, Josías lo
hizo cenizas. ¡Eso hace un corazón reformado por la Palabra de Dios!.
Pero
Josías no solo quemó los objetos que usaban para adorar a otros dioses, Josías
también expulsó a los sacerdotes que habían nombrado los reyes anteriores para
quemar incienso en los templos pequeños que habían construido en honor a Baal,
el sol, la luna y las estrellas. ¡Eso
hace un corazón reformado por la palabra de Dios! Rechaza toda herejía y
falsedad que no tiene nada que ver con Su Santa Palabra, y la manera de
rechazarla es expulsando a los falsos maestros. Eliminó a todos los brujos y
adivinos, destruyó todos los ídolos.
Él
también mandó a destruir unas habitaciones que habían edificado en donde
practicaban la prostitución para adorar a otros dioses, y donde las mujeres tejían
mantas para la diosa Atarté.
Destruyó
hornos donde quemaban a sus hijos en sacrificio y adoración a Milcom. Prohibió
todo rito en honor al dios sol. Destruyó altares y derribo imágenes.
Su
corazón fue reformado a tal punto que se volcó al único Dios verdadero. Él
decía: “Celebren la pascua en honor al Dios de Israel, tal como está escrito en
este libro del pacto” 2 Reyes 23.21 TLA.
Su
corazón fue reformado por la Palabra de Dios, a tal grado que la Biblia declara
de él así: “Ni antes ni después hubo otro rey como Josías, que se apartara de
su maldad y obedeciera a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas” 2
Reyes 23.25 TLA
¡Wow!
Un corazón reformado por la Palabra de Dios hace eso, “se aparta de su maldad y
obedece a Dios con todo su corazón y con todas sus fuerzas”.
Un
corazón reformado por Su Palabra comienza a limpiar, destruir y derribar todo
lo que no glorifica a Dios. Tal como lo hizo Josías.
Josías
destruyo altares, ídolos, cambió costumbres y expulsó y mató a sacerdotes, brujos
y hechiceros que no adoraban a Dios e impedían que el pueblo glorificara a
Dios.
El
pueblo vivía en costumbres paganas por no estar expuestos a la Palabra de Dios.
Tu
corazón será reformado únicamente en Su Palabra, y cuando sea reformado, ¿Qué será
lo primero que tengas que destruir y expulsar de tu vida que no esté
glorificando a Dios?
El
corazón de Josías cambió únicamente estando expuesto a la palabra de Dios. Así
fue reformado Su corazón.
La
única manera en que nuestro corazón será reformado es estando cerca de la
Palabra de Dios.
Quizás
nosotros no quemamos a nuestros hijos en altares construidos en honor a Milcom,
pero no les estamos leyendo la Palabra de Dios, ni miran compromiso en
nosotros los padres, lo cual, es como si los arrojáramos a Milcom. ¡Enseña a tus hijos la Palabra de Dios para que sus corazones sean reformados! ¡No entregues a tus hijos a Milcom! Comienza a destruir
altares que habías construido. Comienza a expulsar amistades que no te
edifiquen. Comienza a limpiar. Eso es lo que hace un corazón reformado que ama
a Dios. Comienza a leer y cumplir Su Palabra. Has como Josías, comprometió a su
pueblo a serles fiel a Dios.
Así
es un corazón reformado. Un corazón que lidera y dice: “Yo no sé ustedes, pero
yo y mi casa serviremos al Señor” Josué
24.15
Un
corazón reformado está dispuesto a glorificar a Dios únicamente.
Apártate
de tu maldad y comienza a obedecer a Dios con todo tu corazón y fuerzas. No
serás avergonzado.
H.R.Gómez
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