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#15 - CORAZONES EXHIBIDOS ANTE SU PALABRA | Pan Diario


15 de enero

“El cumplimiento de la ley no nos hace inocentes ante Dios; la ley solo sirve para que reconozcamos que somos pecadores” Romanos 3.20 TLA

Creo que podemos entender muchísimo lo que dijo Pablo en este versículo, con la historia del rey Josías.

Josías fue un rey de Judá por treinta y un años. Anduvo sin apartarse ni a derecha ni a izquierda, es por eso que la Biblia declara que hizo lo recto ante los ojos de Jehová (2 Reyes 22.1-2).

Josías envió a su secretario Safán con ciertas instrucciones acerca del templo de Dios para el jefe de los sacerdotes Hilquías.
Un día, Hilquías jefe de los sacerdotes, le dijo a Safán que había encontrado un libro… este era el libro de la Ley que fue encontrado en el templo. Después de leerlo, Safán se fue a ver al rey; a comunicarle que había dado todas las órdenes que él había ordenado y que, a la vez, habían encontrado un libro y se lo entregó. Safán se lo leyó al rey Josías y cuando él escuchó lo que el libro decía, le dio mucha tristeza y angustia, tanto que rompió su ropa en señal de arrepentimiento.

En seguida, el rey Josías dio la siguiente orden:

“Vayan a consultar a Dios para que sepamos qué debemos hacer en cuanto a lo que dice este libro. ¡Dios debe estar furioso con nosotros, pues nuestros antepasados no obedecieron lo que está escrito aquí!” 2 Reyes 13 (TLA).

Mediante este libro, Josías reconoció que Dios estaba airado por el pecado de sus antepasados que, por consecuente, ellos habían consentido hasta que leyeron el libro de la ley.

¡Bien dijo Pablo!: “El cumplimiento de la ley no nos hace inocentes ante Dios; la ley solo sirve para que reconozcamos que somos pecadores” Romanos 3.20 TLA

¡Cuánta verdad!, si seguimos leyendo la historia de Josías, nos daremos cuenta que el rey mandó a quitar todo lo que no glorificaba a Dios. Sin embargo, aun así, el pueblo pereció ante la ira de Dios. Porque el cumplimiento de la ley, a nadie nos hace inocentes ante Dios. La Biblia dice así:

“El rey Josías tiene que saber del desastre que el Dios de Israel va a mandar sobre este lugar y sus habitantes. Así lo dice el libro que le han leído al rey. Dios está muy enojado, pues lo han abandonado para adorar a otros dioses. ¡Ya no los perdonará más!. Pero díganle al rey que Dios ha visto su arrepentimiento y humildad, y que sabe lo preocupado que está por el castigo que se anuncia en el libro. Como el rey ha prestado atención a todo eso, Dios no enviará este castigo por ahora. Dejará que el rey muera en paz y sea enterrado en la tumba de sus antepasados. Luego el pueblo recibirá el castigo que se merece”. 2 Reyes 22.15-20 TLA.

¿Qué ocasionó que le leyeran el libro al rey?
Ocasionó arrepentimiento porque había reconocido que eran pecadores. La ley dejó al descubierto que eran idolatras. La Ley expuso que habían abandonado a Dios.

¿La Ley es mala?
Romanos 7.7 NTV: “Ahora bien, ¿acaso sugiero que la ley de Dios es pecaminosa? ¡De ninguna manera! De hecho, fue la ley la que me mostró mi pecado. Yo nunca hubiera sabido que codiciar es malo si la ley no dijera: ”.

La Ley muestra mi pecado. Así como el escuchar la Ley al rey Josías le mostró que habían pecado con el Señor.

¿Qué sucedió? Sucedió que este libro, exhibió el corazón de todos los del pueblo, a tal grado, que se dieron cuenta que habían abandonado a Dios.

Su Palabra exhibe lo que hay en nuestros corazones. ¡Jamás sabremos lo que hay en nuestros corazones si nuestro corazón no es expuesto en la Palabra de Dios!
El rey Josías vivía aparentemente tranquilo antes de que supiera lo que decía el libro que se encontraron en el templo. Pero cuando escuchó las palabras que éste contenía, su corazón se entristeció y se angustió, y supo que Dios estaba airado con su pueblo a causa de sus pecados.

Todo hombre cree vivir en felicidad y tranquilidad, hasta que se acerca a Su Palabra y observa quien es realmente sin Cristo.
Separados de la Biblia, andaremos confiados en nuestras bondades y virtudes, pero el corazón que palpita al mismo ritmo que Su Palabra, andará siempre expuesto y con un corazón exhibido ante la luz del Dios Santo que nos hace clamar como gimió Isaías al ver a Dios: ¡Ay de mí que soy muerto!... Is. 6.5 TLA.
Porque solo cuando sabemos quién es Dios, entendemos quienes somos nosotros. Su Palabra trae una revelación a nuestras vidas que nos hace reconocer que le hemos abandonado y Su santa ira esta sobre nuestra desobediencia.

Pero, ¡Bendito sea Dios, que envió a Jesucristo! Quien realizó lo que nosotros, ni la Ley, podía hacer: “La Ley no podía salvarnos, porque nuestra naturaleza pecaminosa es débil. Así que Dios hizo lo que la ley no podía hacer. Él envió a Su propio Hijo en un cuerpo como el que nosotros tenemos; y en su cuerpo, mediante la entrega de su Hijo como sacrificio de nuestros pecados, Dios declaró el fin del dominio que el pecado tenía sobre nosotros” Ro. 8.3

El rey Josías murió en paz pero su pueblo pereció ante la ira de Dios por sus pecados. El rey Josías no pudo hacer nada por los pecados del pueblo de Judá.
¡Bendito sea Jesús nuestro Rey! Él fue el receptor de la ira de Dios por nuestros pecados… y Su pueblo no pereció porque Él nos salvó.
¡Cuánta misericordia la de Dios! En que siendo merecedores de Su ira, Él nos tuvo misericordia a los que hemos creído esta gran Verdad que Jesús vino a salvarnos del pecado y de la ira de Dios.

Porque cuando la ley exhibió mi corazón pecaminoso, Dios ya tenía la solución… Jesús, mi salvador.

H.R.Gómez

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