Jesús les dijo: Yo soy el pan de la vida, el que viene a mi no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Juan 6.35
Muertos e
insensibles a lo espiritual:
La Biblia declara
muertos espirituales a los que andan conforme a los deseos de la carne, a los
que hacen la voluntad de la carne y de los pensamientos, y a los que siguen la
corriente de este mundo (Véase Efesios 2:1-10).
El muerto no
siente, no piensa, no actúa, no se mueve, no habla, no oye, no entiende, no
busca… no vive. Aunque suene un poco redundante e ilógico... el muerto está
muerto.
Como dice Romanos
3:11-12 “No hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron,
a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera
uno…”.
No hay nadie quien,
en su propia voluntad y fuerzas, desee buscar a Dios. Todos tomaron su propio
camino, que, por cierto, el muerto espiritualmente toma su propio camino, que
le parece correcto, pero al final, solo puede tomar un camino de su propia naturaleza, un camino de muerte (Véase Proverbios
14:12).
Todos somos y
estamos muertos espirituales (Sin Cristo), porque todos somos pecadores (Véase
Romanos 3:23). Y esa muerte espiritual es culpa de nuestros propios pecados.
Todo aquel que
“viva” según la corriente de este mundo, en realidad está muerto y necesita de
una verdadera vida que le haga resucitar y despertar de su muerte e insensibilidad.
Muertos en busca
de… ¿pan?
¿Qué le darías a
alguien que está muerto?, ¿pan o vida?
¡Exacto!, la
necesidad primordial de una persona que está muerta es otorgarle vida y no pan.
Dios envió a Su
Hijo por los pecadores... ¡que están muertos.
Bien dijo Leonard
Ravenhill: “Jesús
no vino al mundo para cambiar hombres malos en buenos. Él vino al mundo para
hacer que hombres muertos vivan”.
Cristo no vino a
saciar el estomago del hombre, Cristo vino a dar vida a todo aquel que está
muerto en sus pecados. Sin embargo, gente
muerta espiritualmente, buscaba a Jesús por pan. (Juan 6.34).
El humano
siempre ha querido saciar únicamente lo terrenal. Lo físico. Lo que es de la
carne. ¿Por qué el hombre siempre busca lo terrenal y omite lo espiritual?
La respuesta la
encontramos en las mismas Escrituras, 1 Corintios 2:14 dice: “El hombre natural
no percibe las cosas que son del espíritu de Dios, porque para él son locura, y
no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”
Jesús no podía ofrecer
pan a los muertos, ¡Jesús ofrecía vida! Los muertos no necesitan pan, los
muertos necesitan vida. ¡Yo soy el pan de vida! -dijo Jesús- el que a mi viene,
no tendrá hambre ni sed jamás. (Leer Juan 6:25-70).
Las necesidades
físicas nos desenfocan de nuestras necesidades espirituales.
La fe superficial
se alimenta de obras, pero la fe genuina se fortalece en Su gracia (Su obra).
Identificar
nuestros deseos y anhelos puede ser un indicador de nuestros máximos intereses
en esta vida.
Por tal razón que en
la casa del Señor siempre tiene que haber pan (Jesucristo) para el hambriento y
no migajas para lo superficial y terrenal.
He aquí la
diferencia de un verdadero buscador del Señor y un buscador de lo superficial:
David, el salmista,
decía: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” Salmo 42.2
Los seguidores
superficiales de Jesús decían: “Danos de ese pan (hablando del pan físico) Juan
6.34
Mientras David deseaba saciar su alma de Dios, los otros buscaban saciar su estómago de pan.
La búsqueda genuina
es aquella que anhela de Dios más que cualquier otra necesidad física.
Si estas sin Cristo, créeme, tu máxima necesidad no es tener éxito en esta vida; tu necesidad primordial es que Cristo te resucite a una nueva vida.
Los muerto no buscan alimento, los muertos buscan vida. Cristo es la vida.
H.R.Gómez

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