11
de enero
¡Cuán
bienaventurado es el hombre que no anda en consejo de los impíos, ni se detiene
en el camino de los pecadores, ni se sienta en silla de escarnecedores, sino
que en la ley del Señor está su deleite, y en su ley medita de día y de noche.
Salmo
1.1-2 (Leer capitulo completo)
La
cúspide de este salmo es: ¡Bienaventurados, dichosos y felices!
Este
es un término que, pudiéramos decir, comunica la prosperidad. No una felicidad
que viene del hombre, sino de alguien Supremo.
¡Ojo!,
cabe aclarar pronto que, no necesariamente aquel que es bienaventurado tendrá
una situación feliz, observa el siguiente verso: “He aquí, bienaventurado es el
hombre a quien Dios castiga; por tanto, no menosprecies la corrección del
Todopoderoso. Porque es Él quien hace la llaga, y Él la vendará; Él hiere, y
sus manos curan” Job 5.17-18 Elifaz no quiso decir que la condición de Job era,
en sí, feliz; sino que Dios estaba preocupado por él, por tanto era
bienaventurado.
¿Por
qué entonces Job era bienaventurado o feliz si estaba pasando tribulación? Porque
el resultado de la prueba, sería bueno. Y… ¿Por qué sería el resultado bueno? Porque
Dios estaba con él.
Por
lo tanto, la fuente de la bienaventuranza, de la dicha o la felicidad es esta:
Que Dios está presente en cada situación del que le cree y obedece.
Nota
como dice el salmista: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de
malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha
sentado, sino en la Ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y
de noche”… (Salmo 1.1-2)
¡Cuán
dichoso y lleno de felicidad es aquel que no tiene amistad con el mundo sino
con Dios! ¿Por qué esta persona tendría que estar feliz? Creo que la respuesta
es obvia, ¡dichoso aquel que tiene como amigo a Dios y no a los hombres!
Feliz
es aquel que, en lugar de escuchar a los que se burlan de Dios, escuchan Su
Palabra.
Pablo
dice: ¿Qué relación tiene la luz con las tinieblas? 2 Cor. 6.14
El
salmista dice en versos posteriores del capítulo 1, hablando de los pecadores: “Cuando
sean juzgados, nada los salvará; ¡esos pecadores no tendrán parte en la reunión
de los buenos! (Salmo 1.5 TLA). Observa como el salmista se va hasta el juicio
de Dios.
Para
los que hemos sido justificados, por gracia mediante Cristo Jesús (Ro. 3.24) no
tenemos nada que ver con los pecadores. Piensa, si en la eternidad no tenemos
relación alguna entre el impío y los justos, ¿Por qué vivimos en la tierra
ignorando el juicio de Dios y la eternidad?
Cristo
se relacionó con los pecadores para predicarles, no para ser uno con ellos.
Aprendamos
a vivir de tal manera.
Pero
en este caso, el salmista está diciendo que es dichoso el hombre que no anduvo
en consejo de pecadores, ni anduvo en compañía de pecadores para andar en sus
caminos, mucho menos se sentó con ellos para burlarse de Dios. Sino que, su
delicia está en la Palabra de Dios.
¿Por
qué tendría que sentirse dichosa y feliz esta persona?
El
mismo capítulo 1, en el último verso lo explica:
“En
verdad Dios cuida a los buenos, pero los malvados se encaminan al fracaso”
Salmo 1.6 TLA
Entonces,
¿Cuál es la dicha? ¿Cuál tendría que ser mi felicidad? He aquí la respuesta:
¡Eres tan dichoso que Dios cuida de ti!, rebosa de nuestro corazón felicidad
porque, a pesar de toda situación, Dios cuida de los que han creído en Su Hijo.
¿Puede causar felicidad en tu corazón? ¡Qué felicidad es saber que, a pesar de
toda situación, por muy difícil que sea, Dios está con nosotros cuidándolos y el
resultado será para nuestro bien!
Pero
qué difícil es para aquellos que no tienen el cuidado de Dios porque se
encaminan al fracaso.
Por
eso, deberíamos de reírnos de nuestra adversidad: ”Te reirás del hambre y las calamidades, y no
tendrás por qué temer a los animales salvajes…” Job 5.22 TLA, porque Dios en Su
Providencia, está allí, con nosotros guardándonos en el hueco de Su mano.
Por
tal razón somos dichosos, porque no andamos ignorando la eternidad, meditamos
en Su Palabra de día y de noche; ella es quién nos recuerda que seremos
juzgados en Aquel Día, pero para los que hemos creído en Cristo Jesús, no hay
condenación sino vida (Romanos 8.1) ¡Qué felicidad!
Es
una dicha permanecer en Su Palabra recordando sus bondades, en lugar de andar
con impíos ignorando la eternidad.
Dichoso
aquel que no se hizo amigo del mundo, sino de Dios. Ese, “será como árbol
plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no
cae, y todo lo que hace prosperará” Salmo 1.3
¡Bendito
cuidado que me hace sentir feliz!

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